“Primero llegarás a las Sirenas, las
que hechizan a todos los hombres que se acercan a ellas”, le había dicho
Tiresias al héroe griego. Así caracterizaba Homero en la antigüedad a las
sirenas que con sus voces y su hipnótico canto atraían peligrosamente a los
marinos hacia su perdición, Tiresias le había dicho también, que quien sufriera
tal atracción “ya nunca se verá rodeado de su esposa y tiernos hijos”. Homero las describe también como “sentadas en
un prado donde las rodea un gran montón de huesos humanos putrefactos,
cubiertos de piel seca”. El Johnny Drake que construye Harrington en Marea Nocturna (1961) también es como
Odiseo un navegante que no escucha toda posible advertencia de peligro ante la
supuesta presencia de una sirena. Aunque la protagonista, no sea la típica
joven rubia acosada por una sociedad plagada de crueldades o por un asesino en
un motel a un costado de una ruta poco transitada, sitúa al marinero en una
zona riesgosa.
Dice Freud en Lo siniestro que en los relatos de hadas
se deja a un lado desde el comienzo el terreno de lo real. Algo que sucede en
filmes como Carnaval de las almas (1962) donde
la joven Mary Henry, tiene una
extraña fascinación, por ese pabellón abandonado en el medio del desierto de Utah.
El director, la muestra explorándolo en distintas ocasiones, sin que ello de
clara explicación de lo que busca o puede hallar en él. Marea nocturna se sitúa al igual que Carnaval de las almas por fuera de toda realidad consistente. La joven, del muelle de Santa
Mónica, ha deslumbrado desde el primer momento al marinero Johnny Drake como a
Odiseo las sirenas. Muy distinto ello sin duda a la situación del protagonista
de Vértigo – un notable filme de
Hitchcock- que, si bien la belleza de la joven lo ha atrapado desde el
principio, hay en él un profundo temor a las alturas que aflora por sobretodo.
En Johnny Drake no existe ese miedo, pero si la permanente situación de no
poder llegar a resolver los enigmas que rodean a la joven.
Aparece al final del filme sobreimpresa
la última estrofa de Annabel Lee el
célebre poema de Edgar Allan Poe. En
este escrito publicado en 1848, el poeta de Baltimore se expresa sobre el tema
de la perdida de una mujer hermosa que ama incondicionalmente. El enamorado
prolonga su sentimiento más allá de la ausencia material de ella y la marea
nocturna es el recurso para sentirse cerca:
y cuando llega la marea nocturna, me acuesto justo al
lado
de mi amada -mi amada- mi vida y mi prometida
en su sepulcro allí junto al mar
en su tumba junto al ruidoso mar.
Todorov, afirma que la
“expresión de extrañeza”, no está relacionada en Poe con lo fantástico ni con
aquello que escapa a lo cotidiano, sino más bien con lo que se podría denominar
una “experiencia de los límites”. No obstante páginas más adelante en su
escrito, Todorov aclara que hablar simplemente de “los límites en Poe y de su
literatura fantástica es permanecer en “lo impreciso” dado que el tema puede
ser encarado desde la generalidad de lo literario bajo diversas perspectivas y
contigüidades. Por su parte Freud en El
poeta y los sueños diurnos entiende que el niño elabora sus juegos como una
fantasía de la cual se apropia al igual que el poeta en sus escritos. Hay sin
duda-tanto en Marea nocturna como en
la estrofa de Poe - algún rasgo de esa “experiencia de los límites”. Pero
también hay un cierto toque de “sueño diurno “capitalizado fundamentalmente
entre lo que Johnny Drake sabe cómo cierto y lo que el supone o quiere suponer
sobre la joven.
Con M, el vampiro de Dusseldorf, no solo Fritz Lang se inicia en el
cine sonoro, sino que también
comprende la relevancia de ello como acompañante insustituible de una imagen
que ya no será silente. Acompañan las escenas tanto el grito de una madre que
llama infructuosamente a su hija como los ruidos de la calle o el tema musical
que silva el asesino persistentemente una y otra vez. Hacia el final de Marea nocturna Johnny Drake retorna a la
feria. En dichas escenas hay sin duda innumerables planos forzados, pero por
sobre todo gritos y un ruido insoportable de los juegos mecánicos de la feria. No obstante, el
verdadero protagonista del filme es el sonido del mar; el que Mora le hace escuchar
incluso a Johnny Drake cuando este arrima un gran caracol a su oído. Que puede resultar abrumador unido a la fuerza de las olas en el muelle.
Una acedía medieval, la depresión contemporánea
o el esplín parisino y baudeleriano. Todo forma parte de una muy antigua
enfermedad que se muestra diferente a través de los siglos. A Mora el
miedo de perder a Johnny Drake la rodea de
incertidumbres y la lleva a tomar una dramática decisión. El siniestro desenlace arrastra toda posible respuesta y
la convierte en total falta de certeza ante los ojos del espectador. Muy pocas
cosas quedan en limpio a la hora de analizar Marea Nocturna. Que Mora a seducido a Johnny Drake tan solo por el hecho de que el la sospeche como
sirena. Que dos textos de Freud pueden dar luz a algunos conceptos sobre lo siniestro y los sueños diurnos si se los relaciona con el filme. Y
por sobre todo el ruido de un mar que tanto ama esa joven que se disfraza de
sirena en un puesto de una feria en Santa Mónica.
Referencias:
Barrena
Gonzalo. (2019) “Las sirenas homéricas”. Canga
de Onís. Asturias: Filosofía del Instituto.
Freud,
Sigmund (1979) El poeta y los sueños
diurnos. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
Freud,
Sigmund (2016) Lo siniestro. Create Space Independent Publishing Platform.
Harrington,
Curtis (1961) Marea nocturna. Estados
Unidos: Phoenix Films.
Harvey, Henk
(1962) Carnaval de las almas. Estados Unidos: Henk Harvey.
Hitchcock,
Alfred (1958) Vértigo. Estados Unidos: Hitchcock Productions.
Lang,
Fritz (1931) M, el vampiro de Dûsseldorf.
República de Weimar: Nero-Film A G.
Poe,
Edgar Allan, Annabel Lee. CIUDAD SEVA. Casa digital del escritor Luis
López Nieves. https://ciudadseva.com/texto/annabel-lee/.

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