domingo, 25 de octubre de 2026

La Odisea, Freud y el sonido del mar. (Marea Nocturna / Curtis Harrington)

 



 

 

 “Primero llegarás a las Sirenas, las que hechizan a todos los hombres que se acercan a ellas”, le había dicho Tiresias al héroe griego. Así caracterizaba Homero en la antigüedad a las sirenas que con sus voces y su hipnótico canto atraían peligrosamente a los marinos hacia su perdición, Tiresias le había dicho también, que quien sufriera tal atracción “ya nunca se verá rodeado de su esposa y tiernos hijos”.  Homero las describe también como “sentadas en un prado donde las rodea un gran montón de huesos humanos putrefactos, cubiertos de piel seca”. El Johnny Drake que construye Harrington en Marea Nocturna (1961) también es como Odiseo un navegante que no escucha toda posible advertencia de peligro ante la supuesta presencia de una sirena. Aunque la protagonista, no sea la típica joven rubia acosada por una sociedad plagada de crueldades o por un asesino en un motel a un costado de una ruta poco transitada, sitúa al marinero en una zona riesgosa.

      Dice Freud en Lo siniestro que en los relatos de hadas se deja a un lado desde el comienzo el terreno de lo real. Algo que sucede en filmes como Carnaval de las almas (1962) donde la joven Mary Henry, tiene una extraña fascinación, por ese pabellón abandonado en el medio del desierto de Utah. El director, la muestra explorándolo en distintas ocasiones, sin que ello de clara explicación de lo que busca o puede hallar en él. Marea nocturna se sitúa al igual que Carnaval de las almas por fuera de toda realidad consistente. La joven, del muelle de Santa Mónica, ha deslumbrado desde el primer momento al marinero Johnny Drake como a Odiseo las sirenas. Muy distinto ello sin duda a la situación del protagonista de Vértigo – un notable filme de Hitchcock- que, si bien la belleza de la joven lo ha atrapado desde el principio, hay en él un profundo temor a las alturas que aflora por sobretodo. En Johnny Drake no existe ese miedo, pero si la permanente situación de no poder llegar a resolver los enigmas que rodean a la joven.

      Aparece al final del filme sobreimpresa la última estrofa de Annabel Lee el célebre poema de Edgar Allan Poe. En este escrito publicado en 1848, el poeta de Baltimore se expresa sobre el tema de la perdida de una mujer hermosa que ama incondicionalmente. El enamorado prolonga su sentimiento más allá de la ausencia material de ella y la marea nocturna es el recurso para sentirse cerca:

y cuando llega la marea nocturna, me acuesto justo al lado
de mi amada -mi amada- mi vida y mi prometida
en su sepulcro allí junto al mar
en su tumba junto al ruidoso mar.

Todorov, afirma que la “expresión de extrañeza”, no está relacionada en Poe con lo fantástico ni con aquello que escapa a lo cotidiano, sino más bien con lo que se podría denominar una “experiencia de los límites”. No obstante páginas más adelante en su escrito, Todorov aclara que hablar simplemente de “los límites en Poe y de su literatura fantástica es permanecer en “lo impreciso” dado que el tema puede ser encarado desde la generalidad de lo literario bajo diversas perspectivas y contigüidades. Por su parte Freud en El poeta y los sueños diurnos entiende que el niño elabora sus juegos como una fantasía de la cual se apropia al igual que el poeta en sus escritos. Hay sin duda-tanto en Marea nocturna como en la estrofa de Poe - algún rasgo de esa “experiencia de los límites”. Pero también hay un cierto toque de “sueño diurno “capitalizado fundamentalmente entre lo que Johnny Drake sabe cómo cierto y lo que el supone o quiere suponer sobre la joven.

      Con M, el vampiro de Dusseldorf, no solo Fritz Lang se inicia en el cine sonoro, sino que también comprende la relevancia de ello como acompañante insustituible de una imagen que ya no será silente. Acompañan las escenas tanto el grito de una madre que llama infructuosamente a su hija como los ruidos de la calle o el tema musical que silva el asesino persistentemente una y otra vez. Hacia el final de Marea nocturna Johnny Drake retorna a la feria. En dichas escenas hay sin duda innumerables planos forzados, pero por sobre todo gritos y un ruido insoportable de los juegos mecánicos de la feria. No obstante, el verdadero protagonista del filme es el sonido del mar; el que Mora le hace escuchar incluso a Johnny Drake cuando este arrima un gran caracol a su oído. Que puede resultar abrumador unido a la fuerza de las olas en el muelle.

      Una acedía medieval, la depresión contemporánea o el esplín parisino y baudeleriano. Todo forma parte de una muy antigua enfermedad que se muestra diferente a través de los siglos. A Mora el miedo de perder a Johnny Drake la rodea de incertidumbres y la lleva a tomar una dramática decisión. El siniestro desenlace arrastra toda posible respuesta y la convierte en total falta de certeza ante los ojos del espectador. Muy pocas cosas quedan en limpio a la hora de analizar Marea Nocturna. Que Mora a seducido a Johnny Drake tan solo por el hecho de que el la sospeche como sirena. Que dos textos de Freud pueden dar luz a algunos conceptos sobre lo siniestro y los sueños diurnos si se los relaciona con el filme. Y por sobre todo el ruido de un mar que tanto ama esa joven que se disfraza de sirena en un puesto de una feria en Santa Mónica.

 

 

 

Referencias:

Barrena Gonzalo. (2019) “Las sirenas homéricas”. Canga de Onís. Asturias: Filosofía del Instituto.

Freud, Sigmund (1979) El poeta y los sueños diurnos. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

Freud, Sigmund (2016) Lo siniestro. Create Space Independent Publishing Platform.

Harrington, Curtis (1961) Marea nocturna. Estados Unidos: Phoenix Films.

 Harvey, Henk (1962) Carnaval de las almas. Estados Unidos: Henk Harvey.

Hitchcock, Alfred (1958) Vértigo.  Estados Unidos: Hitchcock Productions.

Lang, Fritz (1931) M, el vampiro de Dûsseldorf. República de Weimar: Nero-Film A G.

Poe, Edgar Allan, Annabel Lee.  CIUDAD SEVA. Casa digital del escritor Luis López Nieves. https://ciudadseva.com/texto/annabel-lee/.